
La historia de Manuelita es la historia del azúcar en el Valle del Cauca. La caña de azúcar llegó a tierras vallecaucanas traÃda de Santo Domingo por Pedro de Atienza -un vasallo de Sebastián de Belalcázar- y hasta 1767 fue cultivada por los sacerdotes jesuitas en las tierras que hoy hacen parte de Manuelita S.A.. Ese mismo año, la Corona Española confiscó todos los bienes de la CompañÃa de Jesús y le dio el nombre de “Hacienda Real†al inmenso fundo que esta congregación poseÃa en cercanÃas de Santiago de Cali.
En 1770 la hacienda dotada con un rudimentario trapiche, una hermosa capilla, una amplia casona y numerosas cabezas de ganado, pasó a manos de Don Pedro González de Penilla, quien la heredó posteriormente su hija Florencia. Años después ella vendió estos terrenos a don Mariano Becerra Carvajal, quien los fraccionó en varias fincas.
En 1840, una de las haciendas llamada “Concepción de Nimaâ€, fue adquirida por Don Jorge Enrique Isaacs, padre del célebre poeta colombiano autor de “MarÃaâ€, quien en homenaje a su esposa Manuela Ferrer Scarpetta, la bautizó como “Hacienda La Manuelitaâ€. Años más tarde, la dividió en cuatro parcelas: La Rita, La Primitiva, El Oriente y La Manuelita. Posteriormente agregó la hacienda El ParaÃso, escenario de la novela del poeta Isaacs.
En 1864 Don Santiago Eder, quien se caracterizó por su gran espÃritu empresarial, adquirió por parte de los herederos de Isaacs las haciendas La Manuelita y La Rita. Tres años pasaron hasta que obtuvo todos los derechos sobre esas tierras que se encontraban rebosantes de cañaduzales, con los que se propuso forjar una productiva empresa que fuera modelo de organización y eficiencia.
En el viejo trapiche de La Rita impulsado por bueyes, se molÃa la cosecha de caña para producir panela y azúcar de pan que eran distribuidos en la región. La siembra se realizaba manualmente con pala y barretón. En 1865 se reactivó el molino y se contrató al ingeniero alemán Enrique Hauesler para que realizara algunas modificaciones operativas. Esto permitió incrementar visiblemente el trabajo y despertar los mejores comentarios a nivel nacional. Dos años más tarde se montó un moderno trapiche con rueda hidráulica y un alambique de tipo francés, traÃdos de Panamá. El resultado fue un aumento significativo en la producción diaria hasta de 350 libras de azúcar moreno. Un nuevo molino instalado en 1873, junto con las pailas de cien galones de capacidad y otras innovaciones, elevó la cifra a 2.000 libras diarias.
La gran revolución en La Manuelita comenzó "el primer dÃa del primer mes del primer año del siglo XX" como lo registró Don Santiago Eder al momento de inaugurar una de las primeras fábricas suramericanas de azúcar blanco granulado. La instalación de centrÃfugas y equipos a vapor importados de Escocia e instalados en una bodega de 5.000 metros cuadrados, incrementó la capacidad de molienda a cincuenta toneladas de caña por cada doce horas.
El 9 de febrero de 1953 Manuelita S.A. marcó la llegada de la era del azúcar refinado. Tres años de estudios, otro tanto de compras y montajes, permitieron que la empresa adquiriera molinos equipados con cargadores mecánicos aptos para procesar 4.000 toneladas diarias de caña. Un moderno sistema de calderas y turbogeneradores, un equipo completo de refinación tipo Bone Char y una planta para fabricación y empaque de cubitos de azúcar dieron inicio a este proceso.
Actualmente, el Grupo Manuelita cuenta con inversiones en diversos negocios del sector agroindustrial y genera 6.200 empleos directos. Durante el año 2005, la compañÃa registró ventas cercanas a los 228 millones de dólares.
Como resultado de una serie de procesos de escisión y fusión, a finales del 2005 y bajo el techo corporativo de Inversiones Manuelita S.A. (IMSA), se logró casi en su totalidad obtener un nuevo esquema para la nueva Grupo Empresarial Manuelita, basado en una estructura más moderna, enfocada en mejorar la competitividad de sus empresas, propiciar su crecimiento y crear valor agregado para sus accionistas.