Por: Hugo Fernando Valderrama Sánchez*
Cuando una persona se queda sin puesto bien sea porque en la empresa donde trabajaba hubo una reducción de personal o simplemente porque la liquidaron por alguna otra razón, decente por supuesto, nace instantáneamente lo que yo he dado en llamar ?el síndrome del desocupado?.
La enfermedad de los que no tienen puesto, cuando les ataca agresivamente (síndrome del desocupado), provoca precisamente el efecto contrario en ellos y es que prolonga la condición de desocupado mucho más allá de lo normal y aumenta, por supuesto, los síntomas de la enfermedad.
El desocupado tiene la costumbre de levantarse temprano y salir de su casa en búsqueda de una oportunidad para trabajar o para conseguir un negocio que le permita obtener dinero para el sustento de su familia o para su propia sobrevivencia.
Características del síndrome del desocupado
El problema es que cuando el desocupado recibe el mensaje puede ser tarde.
Lo que olvida el desocupado es que quien le escucha simplemente le atiende y entiende su problema por el lado contrario y es que no vale la pena dedicar un minuto siquiera para ayudarle, puesto que es mejor esperar a ver si le resulta una de las tantas oportunidades que tiene y así el asunto queda arreglado.
En otras palabras, el desocupado mata las posibilidades por tratar de dar la impresión de que es muy solicitado.
La recomendación en estos casos es ser sinceros y directos y mostrar de verdad la necesidad en todas sus dimensiones, como para que las personas conmovidas por la condición se muevan presurosamente a ayudar con toda la capacidad que pueden tener disponible.
Cuando uno se presenta a una entrevista, en lugar de mostrar que se tienen varias oportunidades adicionales, y la que se nos está presentando es una más de tantas, lo que hay que trasmitir de principio a fin es el interés profundo y sincero por la oportunidad que se nos está ofreciendo, como si de verdad fuera la única y no hubiera más en un futuro.
En otras palabras, surge una oportunidad de trabajo o de negocio y el desocupado se pone ?digno? y todo le queda pequeño y hasta muchas veces le parece ofensivo para una persona de sus características.
El antídoto es pinchar el globo de la vanidad y, si lo que le ofrecen es razonablemente bueno y decente, aplicar la frase ?más vale pájaro en mano que ciento volando?.
Si las oportunidades y la suerte están por venir para el desocupado, más adelante se le presentarán otros negocios o trabajos y en forma más calmada o serena podrá darse el lujo de evaluar qué es lo que más le conviene, porque no tiene la presión de estar en la calle y al menos posee un trab...




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