Los procesos de capacitación son recibidos en muchas ocasiones como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje con el fin no sólo de mejorar la tarea y el desempeño para el cual hemos sido contratados, sino también para crecer como personas, para interiorizar contenidos que quizá no tengan aplicación inmediata, pero que dan temple y seguridad para oportunidades futuras.
Sin embargo, en muchas ocasiones, también sentimos que es un tiempo poco valioso y que nos distrae de nuestras obligaciones cotidianas.
Esta segunda actitud, poco frecuente pero existente, lleva a un estancamiento no solo en el desempeño profesional y laboral sino en el desarrollo de nuevas habilidades sociales.
Es posible que existan personas en nuestra organización y, también en otras, que llevan años sin realizar cursos, talleres o seminarios de actualización, que no se han preocupado por terminar su carrera profesional y continúan estancados desde hace mucho en lo último que estudiaron antes de ingresar a la empresa.
La excusas parece calcadas y repetidas: No tengo plata, me casé, invertí en un negocio, etcétera. Así pasan los años y comienza también a pasar la vida, sin una esperanza en el horizonte y sin el deseo ni la voluntad de cambiar.
Muchos otros, con los mismos o peores problemas han salido adelante, lo han logrado y siguen en la búsqueda de conocimientos que les permitan ascender en la escala académica y, de esta forma, alcanzar los sueños y metas que siempre se habían forjado.
La capacitación es una oportunidad, es un mecanismo de mejoramiento personal que beneficia sin duda a la empresa porque así tiene colaboradores con más pericia, capaces de resolver situaciones complejas y de tomar decisiones acertadas para bien de la empresa, los clientes y los dueños.
También gana la organización porque puede construir equipos humanos capaces de afrontar cargos diversos, personas que pueden representar la compañía con altura y gente llamada a ser líder en cada uno de sus procesos.
Gana la empresa porque con personas altamente capacitadas puede arriesgarse en negocios importantes, sabe que su marca progresará y será reconocida al contar con personal idóneo y capaz.
Pero, también gana la persona. Se enriquece de conocimientos y desarrolla actitudes y aptitudes superiores que lo van convirtiendo en una persona valorada no sólo al interior de la empresa sino también afuera, por los clientes o proveedores e incluso por la misma familia y amigos.
El ser humano que asume la capacitación como una oportunidad crea valor alrededor de sí mismo, desarrolla habilidades que lo vuelven apetecible por otras organizaciones y por la misma empresa donde labora.
Gana la persona porque puede ver que sus activos intelectuales se incrementan y que sus habilidades de trabajo son requeridas cada vez con más frecuencia en distintas áreas.
Gana la persona porque descubre que, a medida que integra nuevos conocimientos y habilidades, se vuelve multifacético, capaz de desempeñarse con éxito en diversos puntos de la organización.
La oportunidad está ahí, es preciso tomarla y descubrir que las empresas la conforman personas que han recorrido un camino de superación y de lucha, de esfuerzo y sacrificio.
Nada es fácil, hemos escuchado y quizá conocemos historias de personas que iniciaron en las organizaciones en cargos operativos y llegaron a ser presidentes de la misma, pero también casos de personas que ingresaron en un cargo operativo y la jubilación los sorprendió la misma posición.
En síntesis, la capacitación es un esfuerzo que realiza la empresa para construir mejores ...


Comentarios