La incorporación de la inteligencia artificial (IA) en lo laboral, ha generado inquietudes sobre la posible desaparición de empleos. Sin embargo, los análisis recientes muestran un panorama más matizado: una alta exposición a la IA no implica automáticamente la pérdida de puestos de trabajo, sino que, en muchos casos, esta tecnología actúa como un complemento que puede aumentar la productividad y los ingresos de las personas ocupadas.
El verdadero reto no está únicamente en la tecnología, sino en cómo los trabajadores y los sistemas laborales se adaptan a ella.
¿Cuáles serían los beneficios de implementar la IA en tu profesión?
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Alta exposición a la IA: oportunidades reales de crecimiento
La IA no reemplaza al trabajador, al contrario, potencia tu desempeño, optimiza procesos y permite concentrarse en tareas de mayor valor agregado.
Estas ocupaciones suelen beneficiarse de la automatización inteligente, generando oportunidades claras para mejorar la eficiencia, fortalecer competencias y acceder a mejores condiciones laborales.
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El grupo más vulnerable frente a la automatización
El informe también identifica una zona crítica dentro del mercado laboral: alrededor del 15% del empleo corresponde a ocupaciones con alta exposición y baja complementariedad frente a la IA. Este grupo, denominado como el “más vulnerable”, está compuesto principalmente por ocupaciones de apoyo administrativo.

El riesgo en estos casos es mayor, porque se trata de tareas rutinarias y fácilmente automatizables, con menor margen para transformar el rol humano mediante herramientas tecnológicas. Esta situación exige acciones tempranas, como estrategias de “reskilling” y adaptación de funciones, para evitar procesos de rezago laboral.
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La mayoría del empleo aún tiene baja interacción con la IA
En contraste, casi el 60% de los trabajadores se concentra en ocupaciones de baja exposición a la inteligencia artificial, donde predominan los empleos elementales. Esto evidencia que la adopción tecnológica no es homogénea y se concentra en segmentos específicos del mercado laboral.
Esta realidad plantea un riesgo adicional: la ampliación de brechas de productividad, entre quienes interactúan con tecnologías avanzadas y quienes permanecen en empleos con baja incorporación tecnológica.

Educación: el principal habilitador para aprovechar la IA
Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es que el nivel educativo marca una diferencia estructural en la adopción de la inteligencia artificial. En las ocupaciones de baja exposición, más del 90% de los trabajadores no cuenta con educación universitaria, mientras que, en los perfiles con alta exposición casi la mitad tiene formación superior.
En este sentido, la educación actúa como un habilitador clave para aprovechar las oportunidades que ofrece la IA y adaptarse a los cambios del mercado laboral.
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Tecnología, formalidad y brechas laborales
Este escenario plantea un desafío de política pública y de gestión del talento: evitar que el avance de la inteligencia artificial profundice la brecha entre trabajadores formales y trabajadores rezagados, generando una nueva forma de desigualdad en el mercado laboral.

La inteligencia artificial no es, por sí sola, una amenaza para el empleo. El verdadero riesgo está en no preparar a las personas para convivir y crecer con ella. La combinación de educación, actualización de habilidades y acceso a empleos formales será determinante para que la transformación tecnológica se traduzca en desarrollo y no en exclusión.
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